lunes, 22 de julio de 2013

VERANO Y PAREJA

“El verano y las vacaciones provoca en España uno de cada tres divorcios”.
Para hablar de esta noticia he participado esta mañana en COPE ALICANTE, y me parece muy interesante profundizar un poquito más en el tema, ya que es un dato muy llamativo aunque más común de lo que nos pensamos. Más tiempo para pasar juntos, los niños, las cenas, los viajes, la economía... El verano ha demostrado ser uno de los peores enemigos de la vida conyugal. De hecho, después del verano, el índice de separaciones aumenta, convirtiéndose en divorcio a partir de septiembre si estos días se han tomado como “periodo de reflexión” para una pareja que lleva mucho tiempo con problemas.
Lo curioso es que para muchas de estas parejas, el problema “parece” que surge en verano, cuando de repente se dan cuenta de que pasar tanto tiempo juntos es casi como una condena en lugar de algo placentero. Y digo “parece” porque lo más probable es que las dificultades y conflictos vengan de mucho más atrás. El verano no es el problema, es únicamente un periodo de tiempo suficientemente largo para ver más claras las carencias de una pareja, carencias que el resto del año esconden detrás del estrés, las horas de trabajo, cansancio, niños, etc. por lo que salen a la luz las desavenencias que en otros momentos han pasado inadvertidas. ¿Quizás también porque es cuando tenemos la oportunidad de conocer mejor al otro? Por supuesto, durante los periodos de descanso de ambos, cuando tenemos que vernos, escucharnos y estar juntos muchas horas –y solos- es cuando de verdad podemos conocer a la persona que comparte nuestra vida en profundidad. Y puede pasar que al final, no nos guste tanto, sobre todo si la relación dejó de ser satisfactoria hace tiempo, actuando el periodo estival como un juez implacable.
Por otro lado, sucede que durante estas fechas las oportunidades de conocer gente nueva y establecer nuevas relaciones es algo habitual por las salidas que realizamos, viajes, cenas, fiestas..con lo cual todavía se incrementa más la probabilidad de una ruptura de pareja que está estancada –aunque ni ellos mismos sean conscientes muchas veces-. Tenemos que entender también, que dentro de todas las actividades que podemos realizar en verano, es interesante que reservemos tiempo para nosotros mismos, ¡tampoco es necesario hacerlo todo en familia o en pareja! Ojo, siempre que lo hagamos para disfrutar de nuestras cosas y no para huir de algo que nos hace infelices.
Quiero hacer hincapié en la idea de que si una pareja está emocional, afectiva y pasionalmente sana y unida, es mucho más difícil que tanto circunstancias duras como terceras personas puedan causar daños en la relación, es más, las parejas que están en este nivel, utilizan estas ocasiones para hacer más fuertes los cimientos que las une.
Bueno, nos queda todavía bastante verano, ¿superaremos la prueba?

miércoles, 12 de junio de 2013

Miénteme..

¿Mentir en la cama? Siempre nos han dicho que mentir no está bien y es algo totalmente cierto, sin embargo en sexualidad no siempre uno más uno son dos, y mentir –piadosamente- en algunas ocasiones puede estar justificado. Eso sí, hay que tener mucho cuidado porque el hacerlo por costumbre puede volverse en nuestra contra y hacer un daño posterior, afectar a la pareja y generar conflictos. Antes de apresurarnos a contar alguna mentirijilla debemos valorar antes la situación y decidir si vale la pena o no, siempre teniendo en cuenta a la persona que tengamos delante, ya que podría darse el caso de que no nos perdone el engaño, por muy “piadoso” que nos haya parecido.
    En sexualidad la comunicación y la sinceridad son básicas. La buena comunicación entre la pareja hace posible que no se tengan reparos a la hora de expresar los gustos o dificultades  de cada uno y así poder disfrutar del sexo de manera mucho más tranquila y sin tener que callar algo que puede preocuparnos en exceso y generar un conflicto grave. La sinceridad sin embargo es un arma de doble filo porque tiene el poder suficiente para hacer que una relación funcione pero también lo tiene para que se hunda, y es que en ocasiones, la verdad no es necesaria. Ante la pregunta de él :”cariño, ¿has estado alguna vez con un hombre que la tenga más grande que yo?” una respuesta del tipo “si, me acuerdo de un ex novio que tuve..” puede ser devastadora y traumatizante. Por un lado tenemos que entender que este tipo de preguntas no se hacen para que seamos sinceras, se  hacen para que él escuche que su pene es el que más nos gusta y el que mejor nos ha hecho sentir. Por otro aunque se dé el caso de que realmente tienen esa curiosidad –ya conocemos la importancia del tamaño para algunos- una verdad –en el caso de haberla- no supondría más que una patada en la seguridad y autoestima de la pareja. Entonces, ¿vale la pena? En ese tipo de casos por supuesto, total..¿qué más da? Incluso beneficiaría a la relación.
Otra cosa muy distinta sería el caso de fingir un orgasmo, ¿hasta qué punto estaría justificado? Muchas mujeres lo hacen por terminar rápido, para que sus parejas las dejen tranquilas y puedan ponerse a otra cosa. En momentos puntuales no pasaría nada, siempre y cuando no sea el recurso habitual para decir “ya basta”, ya que él también tiene derecho a saber si hemos tenido un orgasmo o no. Podemos decírselo con confianza sin tener que recurrir a engaños, ¡tampoco es justo para él!,que puede estar pensando lo bién que lo ha hecho con una gran satisfacción interior.
Como vemos, y como pasa con muchas cosas en la vida, ni todo es blanco ni todo negro. Ni hay que ser sincero por sistema ni hay que mentir siempre para adular o quedar bien con otra persona en la cama. Observemos la situación y valoremos qué es mejor asumiendo siempre las consecuencias.

miércoles, 5 de junio de 2013

¡De sumisa nada!

“Tú me has acostado y has buceado hasta el centro de mi ser, ahora me toca acostarte y bucear en ti.”
Esta sencilla pero profunda y maravillosa frase del Kamasutra hace referencia al papel activo fundamental de la mujer a la hora de mantener una relación sexual. Durante mucho tiempo en nuestra cultura se ha mantenido el papel “pasivo” de la mujer en el sexo, aquello de “dejarse hacer” por lo que fueran a pensar ó por vergüenza ha dejado paso a una nueva actitud más dinámica y viva de las féminas, las cuales quieren participar del juego erótico y disfrutar tanto como ellos del placer de dar placer.
Muchas mujeres en otros tiempos han considerado que el ser “juguetonas” en el sexo e incluso el pedirlo o buscarlo era cosa de hombres, el hombre era quien tenía que explorar y encontrar el tesoro que nos abriera las puertas del cielo. ¿Por qué? porque era su responsabilidad como macho mientras las mujeres esperábamos –y desesperábamos- el tan ansiado orgasmo. Como consecuencia de ello nos encontramos todavía con muchas mujeres frustradas, encasilladas en su papel de resignadas por creer que no pueden hacer nada por cambiar. Hoy en día ya existe una gran evolución, las mujeres queremos formar parte del sexo porque hemos entendido que a nosotras también nos gusta disfrutar de él sin vergüenzas ni tabúes. Ser capaces de decidir lo queremos y cómo lo queremos no sólo ayuda a que tengamos mejor sexo, también es una manera de ganar confianza con nuestra pareja y sobre todo con nosotras mismas, lo que va a mejorar nuestra autoestima (me siento capaz de ser activa en el sexo, de saber lo que quiero e ir a por ello sin esperar a que mi príncipe azul descubra lo que necesito). Cuando mejora nuestra autoestima se ve mejorado nuestro auto concepto, lo cual repercute en otras áreas de nuestra vida. Y por qué no decirlo, a ellos les encanta que tomemos las riendas de la relación sexual en un momento dado ya que el hombre también necesita de esa autoestima, y qué mejor “subidón de ego” que ver cómo lo desea su chica y es ella quien hace a su antojo sin esperar que lo haga él. En sexualidad no existen los papeles masculinos o femeninos, eso pasó a la historia, la clave está en hacer lo que a los dos les apetezca para pasarlo bien, sea él o ella quien lo haga.
Puede que el hombre se sienta algo intimidado por esta nueva faceta femenina y vea “peligrar” su papel de macho dominante históricamente bien enraizado, hasta que puede que surgan ciertos problemillas eréctiles debidos precisamente a la inseguridad ante el hecho subjetivo de no poder llegar a satisfacer lo exigido por su pareja, por lo que habría que afrontarlo con cariño y entender que algo está cambiando en los roles sexuales, que ya no es sólo él quien propone y la mujer dispone, sino que ella también decide qué, cuándo y cómo lo quiere en materia erótica-sexual. Así que ¿Por qué no dejarse llevar? El viaje puede ser alucinante siempre y cuando no subamos a bordo los miedos y prejuicios de antaño.

martes, 28 de mayo de 2013

Crecimiento Personal: El miedo

Crecimiento Personal: El miedo


No te dejes devorar por ese monstruo tan horrible y destructivo, porque poco a poco, te va engullendo hasta no dejar nada de tí. Lo primero es creer en tí mismo y conocerte. Conócete y te amarás, o si lo prefieres, ámate y te conocerás, el órden es lo menos importante. Confórmate, pero no con resignación -forma negativa de conformarse-, sino aceptándote (reflexiona acerca de la diferencia) y sé asertivo, vales mucho por ser quien eres, házselo saber al mundo y siéntete orgulloso por expresar tus ideas y tus opiniones, aunque vayan en contra del resto. Eres un ser que ama, mereces el mismo respeto que las demás personas que también aman, ni más ni menos. Y finalmente disfruta de ser quien eres ya que eres único, de cada cosa que haces, sientes y piensas -¡ pero cuidado con lo que piensas! porque tus pensamientos NO SON tú, y en ocasiones pensamos de forma irracional y destructiva hasta creernos lo que nos dicen-. En definitiva estos son algunos recursos con los que contamos para acabar con el miedo y el sufrimiento. El miedo paralizante y aniquilador sólo nos hace vulnerables al dolor. Aunque nace con nosotros porque es instintivo para la supervivencia, no debemos dejar que abarque más terreno del necesario y el poder para hacerlo cada día más pequeño solo lo tenemos nosotros mismos, es nuestra responsabilidad. De nosotros depende no dejarnos devorar.
MARIANNE WILLIAMSON es una de las escritoras sobre espiritualidad y crecimiento personal más populares entre muchas lectoras femeninas, dejándonos estas hermosas palabras en una de sus obras:

“Nuestro temor más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro temor más profundo es que somos excesivamente poderosos. Es nuestra luz, y no nuestra oscuridad, la que nos atemoriza. Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, magnífico, talentoso y fabuloso? En realidad, ¿quién eres para no serlo? Infravalorándote no ayudas al mundo. No hay nada de instructivo en encogerse para que otras personas no se sientan inseguras cerca de ti. Esta grandeza de espíritu no se encuentra solo en algunos de nosotros; está en todos. Y al permitir que brille nuestra propia luz, de forma tácita estamos dando a los demás permiso para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, automáticamente nuestra presencia libera a otros.”
(Leído por Nelson Mandela después de 27 años de prisión y ser elegido en 1994 presidente electo de Sudáfrica).

jueves, 23 de mayo de 2013

Autoestima y salud mental

Autoestima y salud mental

 ¿Por qué no te crees que te mereces todo lo bueno que te pase? ¿Por qué piensas que tus ideas y opiniones valen menos que las de los demás? ¿A qué se debe que creas que eres menos importante que cualquier otra persona? Si algunas de estas preguntas te han hecho sentir algo en las tripas y has notado un nudo en la garganta, quizás sea por haberte sentido identificado con cualquiera de ellas –o con todas- y esas sensaciones te están  diciendo algo, te están mandando un mensaje claro: tenemos un problema. Piensa un poco, ¿te han educado para disfrutar o para sufrir? Me explico, fíjate en tus padres, ¿acaso no estaban en estado permanente de “alerta” ante todo lo que nos pasaba? Si estábamos enfermos, si éramos unos trastos, si éramos demasiado tranquilos, pasándolo mal por todo y en un “sin vivir” constante. Si eres de de los que te enseñaros a disfrutar ¡enhorabuena! Sólo tendrás que leer este artículo para aprender cosas nuevas, pero si eres de los segundos –como la mayoría- es hora de que entiendas algunas cosas.
Nos han enfocado constantemente hacia lo negativo en la vida, hacia lo que nos perturba, nos inquieta, nos produce miedo, por lo que hemos aprendido a ser inseguros y desconfiados ¡y lo peor de todo!, hemos aprendido a no disfrutar de todo lo bueno que nos pasa, porque quizás, no sea bueno disfrutar demasiado..claro, tampoco estamos acostumbrados a hacerlo.
Estamos acostumbrados a frustrarnos y a alardear de todo lo malo que nos pasa, porque alardear –o simplemente comentar-lo bueno que tenemos “está feo” y lo que es todavía más feo, hacerlo sobre nosotros mismos. ¿Os imagináis la conversación? “Hola Pepita, chica, qué vestido más bonito llevas hoy” a lo que Pepita responde “Si, es precioso, además me favorece muchísimo, sobre todo me resalta las curvas tan estupendas que tengo”. La amiga probablemente se irá pensando que Pepita es demasiado creída, porque lo que espera es que le contestemos “¿Si? ¿te gusta? Pero si es muy barato, apenas 20€ me ha costado”. ¿Cuál es la diferencia? En el segundo caso primero no nos lo creemos del todo (buscamos la aprobación de los demás) y luego le restamos importancia por aquello de quedar bien. En el primer caso Pepita hace un alarde de autoestima al que pocos estamos acostumbrados, y aunque la amiga se vaya desconcertada, Pepita se siente feliz y segura de sí misma.
También es cierto que mediante este tipo de educación, es decir, enseñar a sufrir, es más fácil controlar a los adultos, más sencillo condicionarlos para llevarlos mejor por el camino que interese en ese momento – aunque ese es otro tema-, lo cierto es que nos han enseñado como a su vez han enseñado a nuestros padres, lo que han vivido ellos y es normal. Lo importante es ser consciente y no repetirlo con las nuevas generaciones para que crezcan seguros de ellos mismos, sin miedo. Porque no es malo ni peligroso ni egoísta pensar que uno mismo es un ser extraordinario, único e irrepetible. Además es cierto, somos seres especiales, todos y cada uno, ¿No es motivo suficiente para gritarlo al mundo? No somos ni más ni menos que nadie, es momento de entender que todos estamos dentro del mismo saco –o universo, como lo queráis llamar- para vivir como mejor sepamos durante los años que dure el viaje, ¡ojo! Que no es tan largo, haz como Pepita, ponte tu mejor vestido ¡y presume de curvas! Los demás que piensen lo que quieran.

martes, 21 de mayo de 2013

La magia del beso

Os invito a que cerréis los ojos e imaginéis el momento de vuestro primer beso, pero no uno cualquiera, ese primer beso de amor que disteis a aquella persona que tanto os gustaba. Estabais atacadas de los nervios y pensando todo el tiempo en qué hacer con las manos o con la lengua, ¿me equivoco? Y es que a pesar de que para la mayoría habrá llovido mucho es imposible olvidar el torrente de sensaciones y emociones que aquél beso nos provocó, por encima de los nervios o el mal rato de la inexperiencia. Para las mujeres este primer paso en nuestras vidas es mágico y muy especial –no digo que para los hombres no lo sea- sin embargo nosotras –muchas de nosotras- lo recordamos con mucho más cariño que nuestra primera experiencia sexual. El motivo es que nos asusta menos, no implica tanta responsabilidad a la hora de lanzarnos a la piscina como el embarazo o el pensar en el dolor que me producirá la penetración. Por ello la primera experiencia sexual para muchas mujeres no es en absoluto un hecho a recordar como “lo más maravilloso”. Es cierto que muchas lo recordamos más por la persona con la que estábamos compartiendo ese momento que por el placer físico de la situación y es algo único, sin embargo nos suele parecer más romántico y bonito el primer beso de amor, es así. Hay que tener en cuenta la edad, ese beso suele darse cuando somos jovencitas, casi todavía niñas, donde todavía soñábamos con encontrar ese príncipe azul con el que vivir experiencias maravillosas y contárselo a nuestra mejor amiga, lo idealizábamos porque pensábamos en cómo sería y con quién sería, por lo que cuando ocurría era realmente fascinante. Además nosotras no pensábamos en ir más allá, no pensábamos en sexo, ese beso era suficiente para mantenernos noches enteras en vela pensando en esa persona que a partir de ese momento, ocuparía un lugar muy representativo en nuestras vidas..y es que no podemos evitar ser unas románticas. Es más, para nosotras es un acto de conexión más íntimo que el mismo acto sexual (¿Recordáis Pretty Woman?).. mientras que para ellos, muchas veces es solo el paso previo al coito.
Con el paso del tiempo, lo que fue tan mágico se convierte en normal, pierde la esencia cuando estamos mucho tiempo con la misma persona –es lo primero que se pierde en una relación a largo plazo- recuperando todo su misterio cuando cambiamos de pareja –pura química cerebral-. De hecho, como curiosidad, la antropóloga Helen Fisher –profesional a la que admiro profundamente – explica que “besar es una forma de espionaje, intercambio de información sobre el candidato a algo más serio- y, por lo tanto, influye en la elección de la pareja. Para las mujeres, sirve para conocer las condiciones físicas de cualquier aspirante a ser padre de sus hijos. Los hombres saben, gracias al beso, hasta qué punto las mujeres son fértiles, incluso si están más cerca de la menstruación”. Está claro que hoy en día esto no es tan importante, sin embargo fue fundamental para la especie.
Y es que no les damos la importancia que tienen nuestros besos, y eso que en el cerebro se producen reacciones extraordinarias y maravillosas: aumentan los niveles de dopamina, adrenalina y noradrenalina, sustancias químicas que disparan la sensación de bienestar y ¡nuestra libido! Y también suben las cotas de oxitocina, testosterona y endorfinas, hormonas implicadas en la interpretación del placer y que aumentan el deseo y refuerzan los vínculos emocionales (el apego). ¿Por qué no le sacamos más provecho? ¿Por aburrimiento quizás? Pues probad a recibir a vuestra pareja con un beso cada día, mirándole a los ojos y acompañado de una sonrisa cómplice, e igualmente siempre antes de dormir, algo más tierno. ¡Bajo mi punto de vista, tendría que ser obligatorio! Ya que la falta de contacto físico hace que nos distanciemos y si una cosa lleva a la otra..¡peligro!
No dejes que vuestros labios sólo se acaricien durante los mal llamados “preliminares” (de esto hablaremos otro día), simplemente hazlo y observa todo lo que pasa por dentro, siente todo lo que el cuerpo te dice y vuelve a hacerlo mágico. ¡Bon appetit!